Este e-mail me hace llorar más. No soy una fusión empresarial.
No soy una adquisición. Leyendo este correo, cualquiera diría que sí. No le
contesto. No sé qué decirle, la verdad. Me pongo el pijama y me meto en la cama
envuelta en su americana. Tumbada, en la oscuridad, pienso en todas las veces
que me ha advertido que me mantuviera alejada de él.
«Deberías mantenerte alejada de mí. No soy un hombre para ti.»
«Yo no tengo novias.»
«No soy un hombre de flores y corazones.»
«Yo no hago el amor.»
«No sé hacerlo de otra manera.»
Es lo último a lo que me aferro mientras lloro en silencio, con
la cara hundida en la almohada. Tampoco yo sé hacerlo de otra manera. Quizá
juntos podamos encontrar otro camino.
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