Por fuera me hago la fuerte, como si no me temblara el corazón.

sábado, 30 de mayo de 2015

Juego con piezas que no tienen un tablero y mi vida se mueve como un payaso en la cuerda floja. Que ironía creer que no puedo sobrellevar las pequeñas cosas teniendo tan poca edad. Que absurdo creer que tus suaves palabras en algunos momentos parecieran verdades. Que inoportuna es siempre tu presencia. Qué difícil es seguir pensándote, que difícil es encontrar la cura para dejar de hacerlo. Planear una vida no planeada, es empezar de cero algo que solo se empezó una vez. Comienza el comienzo, da paso a un tropiezo. Entendí que levantarme luego de caer, no es empezar de nuevo. Es simplemente seguir con lo que ya venía, es no poder renunciar a lo que ya está establecido, es buscar en caras ajenas ese vacío que solo está en nuestro interior.

Dar paso a esas alegrías que vienen cada tanto y nos sacan una mueca, no es ser felices. Entendí que buscar ese consuelo en brazos ajenos, solo nos templa una tarde en que hace frío. Pero la magia de la confusión comenzó a desgastarme, conflictos internos acarrea mi ser, paseando por la vereda con la sonrisa pintada. Trato de entenderme cada noche, de conversar con esa voz que muchas veces te dice lo que no quieres oír, busco respuestas, indago en las preguntas y siempre termino viendo tu cara. Sea apenas despierto o antes de dormir. Que inoportuna es siempre tu presencia. Sabes que soy vulnerable a tus palabras, sabes que un roce sutil puede destruir todo el pasado que reconstruí, escalón por escalón para ser hoy quien soy y echarte al olvido, sin culpa.


No aparezcas otra vez, o esfúmate si ya te has marchado. Vete a donde a siempre estuviste, oculto para que no pueda verte. Dile a tu sombra que no persiga mis sueños, y al umbral de tus palabras bonitas que marchen a otro oído dispuesto a escuchar.

lunes, 4 de mayo de 2015

Los ecos me recuerdan los “nosotros”, “estamos”, “nos”, “comemos”. Una y otra vez me cortan como navajas de sacapuntas. Me afilan, me vuelven una persona temeraria. La gente me da miedo: no quiero contar porque sé que no van a entender. Sé que no puedo escribir todo lo que me pasa porque no hay palabras existentes para describirlo. Nadie va a entender jamás lo que me pasó. Ojalá tuviese videos, ojalá pudiese entregar a cada persona que entra en mi vida un disco con mis datos. Ojalá, así nadie se decepcionaría, así nadie crearía demasiadas expectativas conmigo. No, no soy brillante ni la mejor, no soy la más coherente tampoco. Soy poco y de lo poco que soy poco entiendo.

Me he dejado pisar, basurear, usar. He dejado que hicieran lo que quisieron con mi cuerpo, con mi mente y mis deseos, pero siempre quedó firme la idea de amarte para toda la vida. Una idea perpetua y perenne, casi inata. De muchas cosas jamás me recuperaré, otras tantas las olvidaré con el tiempo. Cada una de ellas me ha dejado una marca. Él me pide que use cicatrizante para sacarme las marcas en los brazos: yo quiero que esas marcas se queden. Las cientoun marcas de mis brazos, los miles de dolores que me trajeron sangre: no voy a olvidarlos. No quiero que las marcas se vayan. Se irán sí, con el tiempo, sí con la desmemoria, si con el aprendizaje. No las voy a eliminar, se irán de a poco, a su debido tiempo. Jamás podría alejarlo de mi camino, nunca. Cuando él está en pareja y me pide que me aleje lo hago. Solo él puede decidir cuándo no vamos a vernos. Por lo demás no me preocupo: lo conozco, sé que no va a ser feliz con nadie porque ni siquiera es feliz consigo mismo. Siempre volvió, siempre vuelve, siempre va a volver.